Fe
Hermanos, hemos reconocido nuestra impotencia y hemos abrazado la esperanza de que Dios puede restaurarnos. Pero la esperanza, aunque esencial, debe conducir a la acción, a una elección, a un giro. Esto nos lleva al corazón del camino espiritual: el principio de la Fe, manifestada en la decisión de entregarnos.
La idea central de este tercer paso es: Decidimos entregar nuestra vida y nuestra voluntad al cuidado de Dios, haciendo de Él el centro de nuestras vidas.
Este es el punto de inflexión. El Paso 1 trata de admitir nuestra incapacidad. El Paso 2 trata de creer en la capacidad de Dios. El Paso 3 trata de tomar la decisión consciente de actuar sobre esa creencia, de soltar las riendas del control que hemos aferrado tan fuertemente (y de manera tan ineficaz) y entregárselas a Dios. Es una decisión de dejar de luchar y empezar a confiar. Es decir: "Dios, yo no puedo, pero Tú sí. Y elijo dejar que Tú lo hagas".
En el Catecismo de la Iglesia Católica, la Fe no es meramente un asentimiento intelectual a un conjunto de doctrinas. Es definida como "la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela" (CIC 150). Es "la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone creer, porque Él es la Verdad misma" (CIC 1814). Pero va más allá de creer acerca de Dios; es creer en Dios, una adhesión personal a Dios que implica confiarle todo nuestro ser. Entregar nuestra voluntad y nuestra vida es la manifestación práctica de esta fe viva. Es conformar nuestra voluntad a la voluntad de Dios, reconociendo Su sabiduría y amor infinitos como la guía más segura para nuestras vidas.
La Biblia está repleta de llamados a este tipo de entrega confiada. Jesús mismo nos enseña dónde poner nuestra prioridad: "Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas." (Mateo 6:33). Este es un llamado directo a centrar nuestras vidas en Dios y Su voluntad, confiando en que Él proveerá nuestras necesidades cuando lo hagamos.
El libro de Proverbios nos exhorta a una confianza total, sin depender de nuestra comprensión limitada: "Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas." (Proverbios 3:5-6). Esto encapsula perfectamente la entrega de la voluntad: reconocer que nuestro propio pensamiento nos ha desviado y elegir en cambio someter nuestros planes y acciones a la guía de Dios.
El modelo definitivo de entrega de la propia voluntad es Jesús en el Huerto de Getsemaní. Enfrentando un sufrimiento inimaginable, oró: "«Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo; pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya»." (Lucas 22:42). Cristo, en Su humanidad perfecta, nos muestra que la verdadera fortaleza no reside en aferrarnos obstinadamente a nuestros propios deseos, sino en alinearnos con la amorosa voluntad del Padre. Esta es la esencia de la entrega cristiana.
San Pablo nos insta a hacer una ofrenda total de nosotros mismos a Dios: "Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta." (Romanos 12:1-2). Entregar nuestra vida y nuestra voluntad es presentarle todo nuestro ser a Dios, permitiéndole que nos transforme desde dentro y nos guíe según Su "buena, agradable y perfecta voluntad".
En el lenguaje de los programas de 12 pasos, el Paso 3 es el punto de decisión donde "se lo entregas". Después de admitir que no puedes y creer que un Poder Superior sí puede, tomas la decisión de permitir que ese poder actúe en tu vida. Para nosotros como católicos, esto es profundamente personal y relacional. Estamos entregando nuestras vidas al cuidado de Dios, nuestro Padre amoroso, revelado en Su Hijo Jesucristo y presente a través del Espíritu Santo. Hacer de Él el centro significa reorientar toda nuestra existencia en torno a Él, a Sus mandamientos, a Su amor y a Su plan para nuestra salvación y florecimiento.
Esta decisión no se toma una sola vez; es una elección que reafirmamos diariamente, incluso momento a momento. Es elegir el camino de Dios por encima de nuestro camino, incluso cuando es difícil o contraintuitivo. Es un acto de fe que dice: "Confío en Ti, Dios, más de lo que confío en mí mismo o en los caminos del mundo que me trajeron aquí".
Esta entrega no es derrota; es liberación. Al renunciar a la aplastante carga de intentar controlar lo incontrolable, nos abrimos a la gracia y al poder ilimitados de Dios. Esta decisión de fe es la puerta de entrada a la verdadera libertad y el comienzo de una vida guiada por la sabiduría y el amor divinos.
Tomemos esta decisión hoy, hermanos, y sigamos renovándola cada mañana, poniendo nuestras vidas y voluntades en las capaces y amorosas manos de Dios.
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